
Increíble pero tan cierto como que respiramos aire es que las mujeres pueden llegar a ser más machistas que los hombres; más aún en nuestro medio latinoamericano. Todo se debe a un factor de suma importancia en el ámbito de nuestra tierra: El catolicismo y las religiones indígenas.
El pasado de Latinoamérica frente al machismo es bastante obvio a simple vista. En el caso particular de Colombia, encontramos a los indígenas del cauca –por ejemplo- que desde pequeñas crían a sus hijas con la aspiración a que su marido llegue incluso a ser violento con ellas. No es raro encontrarse que uno valla por esa región y que una mujer indígena esté siendo golpeada o gritada muy violentamente por su marido y cuando la intentes defender responderá: “para eso es el marido”.
Ahora, aparte del pasado indígena, hablemos del catolicismo que hay en Colombia. Desde la época española hasta hoy, este catolicismo está tan arraigado que al hablar con protestantes o mirar sus prácticas culticas, verás muchas que pertenecen a los católico-romanos. Incluso mucha de la mística del latino con respecto a la hechicería, milagros y demás, se deben al catolicismo precisamente. Y bien sabido es la posición de la mujer en la iglesia católica. No tienen derecho a oficiar misas, las estudiadas se la pasan en monasterios lavándole la ropa a los curas, etc.
Todo este problema se ha reunido en la cabeza de la mujer colombiana y latina en general. En la zona cafetera, a la mujer se le entrena para ser la que lave, planche, cocine y mantenga todo listo para su marido. Prácticamente se les hace esclavas ideológicas del hombre, y las responsables son las propias madres. Notemos que no simplemente es este el caso, sino que se le da a las niñas una serie de juguetes con los que aprenderán a ser las sirvientas del hombre: ollas, trapeadores, muñecas barbie (Con su absurda ideología de ser bellas para tener chicos), entre otras. Las niñas son pre-condicionadas a ser el juguete masculino. Lo interesante es que este tipo de juguetes o juegos “femeninos” se le prohíben al hombre diciéndole que eso lo hará “marica” (gay, homosexual, en colombiano). ¿Cómo podría entonces el hombre ayudar a la mujer a dejar el machismo si él también es entrenado para no tocar las labores que se le suelen dar a la mujer?
Y he aquí el problema de todo lo anterior: Las mujeres han llegado a tal grado de machismo que piensan que el movimiento feminista no es más que patrañas, basura, o sencillamente un montón de absurdas ideas de utopía. Y cuando los hombres queremos abrirnos o ser parte del movimiento, son precisamente las mujeres las que no nos toman en serio y odian que tratemos de ser parte de esa idea “utópica”.
Una pregunta importante sería: ¿Quieren estas chicas liberarse del machismo?
La respuesta en realidad es: Si. Pero sencillamente está tan encarnada la idea de ser “buena esposa” que para ellas hace parte de sus sueños futuros ser esclava del hogar. Esperemos que reaccionen pronto y que la lucha por cambiar ese trauma infantil del que las han hecho esclavas sea de provecho.
Carlos Cuervo.
Estudiante de teología. Universidad Bautista.
Cali- Colombia.
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